El año cristiano para revivir nuestra salvación – 2

Con el año cristiano, o año litúrgico, vamos viviendo la presencia de Jesús y los momentos básicos de la salvación, y vamos cultivando los sentimientos y las actitudes que esta historia de la salvación nos invita a tener. Y cada año seguimos este itinerario:

CUARESMA: llamados a convertirnos y a volver al Señor

La Cuaresma es el tiempo de preparación de la Pascua. Un tiempo en el que estamos llamados a reconocer que, a menudo, somos infieles a la vida nueva que hemos recibido en nuestro bautismo, a pedir perdón por nuestros pecados, y a trabajar para convertirnos y renovar nuestra vida. Porque queremos acompañar sinceramente a Jesús que camina hacia la cruz, para unirnos a su muerte y poder compartir con él su resurrección. Los cuarenta días de Cuaresma empiezan el Miércoles de Ceniza y nos conducen a vivir la alegría de la Pascua. Una alegría que sólo será auténtica si realmente nuestra vida se ha transformado para parecerse más a lo que Jesús ha vivido y enseñado.

SEMANA SANTA: la muerte y la resurrección de Jesús

Los días de Semana Santa son los días centrales del año. Los días en los que conmemoramos lo que es más central de nuestra fe: Jesús que, por amor, por su fidelidad al camino del amor de Dios, es detenido, torturado y ejecutado en la cruz; y que, por la fuerza de Dios, es resucitado de entre los muertos para vivir con Dios para siempre. Empezamos con el Domingo de Ramos, cuando aclamamos a Jesús que llega a Jerusalén, y afirmamos nuestra fe en ese camino. Y después, al anochecer del Jueves Santo, empezamos lo que se denomina el Triduo Pascual: el Jueves, como una introducción, recibimos de él el sacramento por el que le tendremos vivo entre nosotros por siempre, la Eucaristía; el Viernes, le acompañamos en su pasión y su muerte, su entrega total; el Sábado, en silencio, estamos junto a él en el sepulcro; y en la Noche Santa de Pascua, celebramos la gran alegría de su resurrección.

PASCUA: la Vida que no se acaba

Para celebrar la resurrección de Jesús no tenemos suficiente con sólo un día. Por esto, ya desde los inicios, los cristianos quisieron dedicar un tiempo largo a recordar, una y otra vez, que Jesús está vivo entre nosotros, que nos ha dado su vida, que nos ha renovado y hecho hijos de Dios por el bautismo. Por esto, la Pascua dura cincuenta días, durante los cuales estamos llamados a alabar a Dios, a vivir el gran gozo de ser cristianos, y a transmitir a todos, con nuestra manera de vivir, la Buena Nueva del amor de Dios. La Pascua se acaba con el domingo de Pentecostés, en el que celebramos que la resurrección de Jesús continúa en nosotros,, y en la Iglesia, y en el mundo entero, por el Espíritu Santo, que es el mismo Espíritu de Jesús que se nos ha dado.

EL TIEMPO ORDINARIO: el camino del Evangelio

Acabado el tiempo de Pascua, volvemos otra vez al tiempo ordinario, que son las semanas y los domingos en los que no celebramos nada en especial, ni se resalta ninguna actitud cristiana determinada. Esta segunda parte del tiempo ordinario empieza con dos fiestas, la Santísima Trinidad y el Cuerpo y Sangre de Cristo, el Corpus. Y después sigue una serie de domingos, hasta que volvemos a empezar el tiempo de Adviento. Y en estos domingos, como en la primera parte del tiempo ordinario, seguirá haciéndonos de guía la lectura, de manera continuada, del evangelio que corresponda a aquel año. Para llenarnos, siempre, de la vida y las enseñanzas de Jesús.

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