PASCUA GRANADA – PENTECOSTES

El espíritu abre las puertas al mundo

Pasados cincuenta días desde la Resurrección, los Apóstoles y María estaban reunidos en oración con las puertas cerradas. Entonces el Espíritu Santo llegó i los llenó de su fuego. Salieron de inmediato de su aislamiento y se pusieron en contacto con la multitud. Predicaban y su palabra llegaba al corazón de la gente creyente.

Así comenzó la comunidad llamada Iglesia: abriéndose al mundo. Eso es lo que significa Pentecostés. El Espíritu nos habla para que abramos siempre las puertas:

 

Dice el Papa Francisco: Cuando la Iglesia se encierra, enferma… La Iglesia debe salir de sí misma… ¿Hacia dónde? Hacia las periferias existenciales, cualesquiera que sean, pero salir… La fe es un encuentro con Jesús y nosotros tenemos que hacer lo mismo que Jesús: encontrar a los demás… Tenemos que salir a su encuentro y crear con nuestra fe una «cultura del encuentro»… en la que podamos hablar también con los que no piensan como nosotros… incluso con los que tienen otra fe… Todos tienen algo en común con nosotros: son imágenes e hijos de Dios… Salir al encuentro sin negociar nuestra pertenencia”. (Vigilia de Pentecostés de 2013).

El espíritu abre las puertas a la diversidad

Dice el Papa Francisco: La Iglesia es como una gran orquesta donde hay variedad. ¡No somos todos iguales!… Todos somos diferentes, cada uno con sus cualidades. Y eso es lo bonito de la Iglesia: cada uno aporta lo que le es propio, lo que Dios le ha dado para enriquecer a los demás. Y entre los componentes hay esta diversidad que no entra en conflicto, no se contrapone; es una variedad que es deja fundir en armonía por el Espíritu Santo; es Él el verdadero ‘Maestro’, Él mismo es armonía. ¿Aceptemos al otro, aceptemos que haya una justa variedad, que el otro piense de una manera o de otra (en la misma fe se puede pensar de manera diferente), o tendemos a uniformarlo todo? Pero la uniformidad mata la vida. La vida de la Iglesia es variedad, y cuando queremos uniformarlo todo matamos los dones del Espíritu Santo. Oremos al Espíritu Santo, que es precisamente el autor de esta unidad en la diversidad de esta armonía, para que nos haga cada vez más “católicos”, es decir en esta Iglesia que es ¡católica y universal! (audiencia general del 9 de octubre de 2013).

El espíritu abre las puertas a la pequeñez

Dice el Papa Francisco: ¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre para los pobres!” (22 julio 2013), “La pobreza teórica no nos sirve, se aprende tocando la carne de Cristo pobre en los humildes, en los pobres, en los enfermos, en los niños” (8 mayo 2013). “Veo con claridad que lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles, cercanía, proximidad. Veo a la Iglesia como un hospital de campaña tras una batalla… Curar heridas, curar heridas… Y hay que comenzar por lo más elemental” (Entrevista en “La Civiltà cattolica”).

El espíritu abre las puertas a la alegría

Dice el Papa Francisco: “Un evangelizador no debería tener permanentemente cara de funeral… Ojalá el mundo actual pueda recibir la Buena Nueva no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio cuya vida irradie el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo.” (en “La alegría del Evangelio”).

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