25 de julio: Santiago, apóstol

Según la tradición, Santiago y san Pablo fueron los dos apóstoles que evangelizaron nuestras tierras. Quién sabe si a Santiago y a su hermano Juan los llamaban hijos del trueno por el carácter de su madre, que se atrevió a plantarse ante Jesús para pedirle dos puestos de privilegio para sus hijos cuando fuera proclamado rey en Jerusalén.

Sí que bebió Santiago el mismo cáliz de Jesús, pero primero tuvo que aprender que en el nuevo Reino el más importante es el servidor de todos. La experiencia de Pascua y de Pentecostés transformó el corazón de Santiago, y ya no usó más su energía atronadora para buscar privilegios sino para extender la buena noticia hasta los confines de la tierra.

Con una fuerza inusitada ha rebrotado en nuestros días la peregrinación hasta su sepulcro en Compostela.

 

Así es como, pasados veinte siglos, el apóstol sigue arrastrando multitudes de todas partes del mundo a un camino de crecimiento personal y encuentro con el Señor.

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