NAVIDAD: EL GOZO DE LA VIDA, EL GOZO DE DIOS

Todos lo hemos escuchado, o incluso lo hemos dicho: la vida es un valle de lágrimas. Una determinada espiritualidad cristiana de una determinada época, que ha llegado hasta nosotros, tenía esta afirmación como una pieza fundamental, e incluso parecía que cuanto más se viviera la vida como un «valle de lágrimas», más fiel se era a la fe cristiana y más cerca de Dios se estaba.

Y es cierto, nuestro mundo es a menudo, y para unos más que para otros, un doloroso valle de lágrimas. Pero nos equivocaríamos si pensásemos que eso es lo que Dios quiere que sea.

El relato del nacimiento de Jesús en el evangelio de Lucas es una clara muestra de que Dios no quiere un mundo así, al contrario: Dios quiere que, en el mundo, a pesar de todos los dolores y angustias, seamos capaces de encontrar, tanto como sea posible, el gozo más intenso. Un gozo que es espiritual, pero que a la vez es material, profundamente y plenamente humano.

La escena del nacimiento de Jesús que acontece en una gran pobreza, no nos es explicada recreándose en el dolor de José y María, que seguro que existía, sino que el evangelista nos ofrece un relato lleno de luz y de alegría: ángeles y pastores nos invitan a vivir toda aquella situación como un gran gozo. No solo el gozo de encontrar a Dios en medio de la pobreza, sino otra clase de gozo muy humano que se deja ver a través de todo lo que allí ocurre: el gozo del nacimiento de un niño, el gozo de la ternura de sus padres, el gozo de los pastores que ofrecen su amor admirado… Es el gozo de la presencia de Dios, y es el gozo de la vida humana en su riqueza profunda.

¡Ojalá sepamos transmitir este gozo en nuestras celebraciones de estos días, y en toda nuestra vida!

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