San Ignacio de Loyola

El 31 de julio celebramos la fiesta de San Ignacio de Loyola. Nació en Azpeitia, Guipúzcoa en 1491, fue educado en la corte de Fernando de Aragón. Herido en la defensa de Pamplona en 1521 su convalecencia fue el inicio de un itinerario de renovación que, pasando por Manresa, Montserrat, Barcelona, Jerusalén… cuajó en su opción por Jesús. Su propuesta de seguir a Jesús se recoge en su gran obra: los Ejercicios Espirituales.

En París, centro del mundo cultural de la época, reunió a los primeros compañeros que compartieron su itinerario formando así la Compañía de Jesús.

Murió el 31 de julio de 1556 y fue canonizado en 1622.

Conocer la espiritualidad ignaciana

La espiritualidad es para el creyente el camino que le acerca a Dios e incluye oración, intuición, reflexión, acción y comprensión de quién es ese Dios para nosotros manifestado en Jesús. Y ese camino termina condicionando la propia vida y nuestra comprensión del mundo.

La espiritualidad ignaciana encuentra su fuente en la experiencia de San Ignacio, plasmada en los Ejercicios Espirituales. Se sostiene en un Dios que habita y trabaja en todas las criaturas y en todo lo que nos acontece. Nos impulsa a vivir desde un profundo sentimiento de agradecimiento por todos los dones recibidos, nos hace conscientes de nuestras debilidades y nos aporta claves que transforman nuestras

relaciones convirtiéndonos en personas que enfocan su vida hacia los demás.

Los principales pilares de la espiritualidad ignaciana son:

Buscar y hallar la voluntad de Dios sobre mi vida. No lo más perfecto

objetivamente, sino lo que Dios quiere de mí.

Ensanchar el corazón a las dimensiones del mundo, pero aterrizando en lo concreto para no perderme en vaguedades o en ideales irrealizables.

Conocer mi realidad lo más ampliamente posible. De ahí, examinar mucho cada situación y también reflexionar mucho sobre uno mismo.

Discernir, a la luz de la oración y de la razón iluminada por la fe, cómo puedo mejorar esa realidad para hacerla más evangélica.

Encontrar a Dios en todo lo creado, siendo contemplativos en la acción.

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