Protegidos de toda Perturbación

La última petición del Padrenuestro, «líbranos del mal», es alargada por la oración posterior que también pide al Padre que nos proteja de «toda perturbación». Nunca había dicho esta plegaria con la intensidad con que la digo ahora. Quizá porque nunca como ahora había experimentado, a nivel social- comunitario, qué es una «perturbación», una alteración de la tranquilidad y la paz.

Vivimos en un mundo donde los medios de comunicación social invaden nuestras vidas. Cualquier persona los tiene a su alcance. Y quien dispone de ellos los puede usar no solo como receptor sino también como emisor. Y así nos va: somos bombardeados, y/o bombardeamos, con informaciones ciertas o falsas, con críticas razonadas o con otras que son malévolas, y también con insultos y descalificaciones a diestro y siniestro. También lo hacemos en el mundo eclesial, entre hermanos. Y esto perturba los espíritus de las personas y el espíritu comunitario.

No es extraño que, para favorecer la convivencia, en diversos ámbitos de la sociedad aparezcan los «anti-rumores», intentos de deshacer informaciones malévolas que perturban la paz social.

Y no es extraño que el papa Francisco haya escrito algo como esto: «Quisiera contribuir a la búsqueda de un estilo comunicativo abierto y creativo, que no dé todo el protagonismo al mal […]. Invito a todos a ofrecer a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo narraciones marcadas por la lógica de la “buena noticia”. […] Esta buena noticia, que es Jesús mismo, no es buena porque esté exenta de sufrimiento, sino porque contempla el sufrimiento en una perspectiva más amplia, como parte integrante de su amor por el Padre y por la humanidad. En Cristo, Dios se ha hecho solidario con cualquier situación humana, revelándonos que no estamos solos, porque tenemos un Padre que nunca olvida a sus hijos». (Jornada mundial de las comunicaciones sociales 2017).

Los que somos oyentes de la Palabra, de la Buena Nueva, no podemos «caer en la tentación» de hacer un uso malévolo de los medios de comunicación. No podemos «caer en la tentación» de «perturbar» el ambiente, de «perturbar» los corazones.

En todo caso, mientras tomamos conciencia de ello y nos esforzamos por hacer el bien con la información, roguemos intensamente al Padre que nos «proteja de toda perturbación».

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