Virgen del Carmen

María, hermosura del Carmelo

Es proverbial en la Biblia la hermosura del Monte Carmelo, pero para la liturgia y toda la tradición carmelitana la hermosura del Carmelo, por excelencia, es María. Es bueno complacerse en la belleza de Dios origen de toda belleza, en la belleza de su Madre María. Complacerse es alabar, dar gracias, adorar, o simplemente contemplar y amar en silencio. He aquí la oración más pura y gratuita de la cual está llena la Biblia, la liturgia y los escritos de nuestros místicos.

¿Qué es belleza? La belleza no se demuestra, se muestra. Sin identificarse con el amor y la bondad, tienen algo que ver con ellos.

El amor descubre y crea matices en la belleza del ser amado imperceptibles para el que no ama, y, a su vez, el amor embellece la propia expresión del que ama.

Algo semejante pasa con la bondad. Según algunos exégetas, la expresión del Génesis “y todo era muy bueno” podría significar también, “todo era muy bello”.

Carmelo-Karmelo-Carmen, significa jardín, en hebreo i árabe (recordemos “los cármenes de Granada”), y en latín, poesía. Así cantamos a María en la liturgia del Carmen:

Se le dará la gloria del Líbano, 
y el esplendor del Carmelo y de Sarón. Ellos verán la gloria del Señor,
el esplendor de nuestro Dios. (Is 35, 2)
Soy como una parra bellísima,
de sarmientos espléndidos i majestuosos.
Soy la madre del hermoso amor, del respeto,
de la ciencia y de la santa esperanza.
en mí reside toda la gracia del camino y de la verdad;
en mí se halla toda la esperanza de la vida y de la fortaleza (Eclesiástico 24, 17-18)

Tu cabeza, sobre tu cuerpo, es como el monte Carmelo;hilos de púrpura son tus cabellos:¡un rey está preso entre sus rizos! (Cantar de los cantares 7, 5)

Es la mirada de Dios la que embellece así. Delicadamente lo canta nuestro poeta-místico san Juan de la Cruz, el teólogo de la belleza:

... ya bien puedes mirarme, 
después que me miraste,
que gracia y hermosura en mí dejaste (Cántico espiritual, canc. 33)

¿No parece esto como un eco de aquellas palabras de María en el magníficat?

  Proclama mi alma la grandeza del Señor, 
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. (Lc. 1, 46-49)

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