Inmaculada Concepción de María

PLEGARIA

¡Virgen santa, verdadera madre del Verbo eterno que ha venido a nuestra carne y a nuestro destino; mujer que has concebido en la fe

y en tu seno bendito la salvación de todos nosotros; ¡Madre! pues, de todos los redimidos,

siempre viviente en la vida de Dios,

cercana a nosotros,

¡pues los unidos a Dios son los que nos están más próximos!

Con agradecimiento de redimidos

alabamos la eterna misericordia de Dios que te ha redimido. Cuando comenzaste a existir,

ya te había prevenido la gracia santificante;

y esa gracia, que no tuvo en ti que arrepentirse,

ya no te ha dejado de su mano.

Tú has seguido el camino de todos los hijos de esta tierra, los estrechos senderos que parecen serpentear

sin sentido fijo a través del tiempo,

caminos de vulgaridad y de dolores hasta la muerte.

Pero caminos de Dios, senderos de la fe

y del incondicional «Hágase en mí según tu palabra».

Y en un momento que ya no se borrará de la historia, sino que permanece por toda la eternidad,

tu palabra fue la palabra de la humanidad,

y tu sí se convirtió en el amén de toda la creación

al sí decidido de Dios;

y tú concebiste en la fe y en tu seno

al que es al mismo tiempo Dios y hombre,

creador y criatura, felicidad inmutable y que no conoce cambio y destino amargo, consagrado a la muerte, destino de esta tierra, Jesucristo, nuestro Señor.

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